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Conjunto Juan de la Barrera
por Luis Guerra

Existe un balance entre lo que parece conservar la memoria –a nivel urbano y ambiental– y el control manifiesto de los nuevos desarrollos inmobiliarios de esta zona céntrica de la Ciudad de México. A cambio de eso, se logra un esfuerzo expresado en el trabajo realizado por la preservación de lo más elemental del llamado “Corazón de la Condesa”: un nuevo postulado de ciudad. Ubicado entre las calles Cuernavaca y Atlixco, ocupando dos tercios de la cuadra correspondiente sobre Juan de la Barrera, el complejo desarrollado por JSa Promotora está en una región que expresa el patrimonio artístico, el espacio público, la vivienda y los postulados arquitectónicos de los profesionales en construcción.

El movimiento funcionalista en la arquitectura moderna –introducido en México gracias a arquitectos como Mario Pani y Juan O’ Gorman–, y el estilo del art déco –impregnado en la nación por artistas como Juan Segura y Francisco J. Serrano–, han acaparado en la capital del país a algunos de los personajes más importantes en el desarrollo de proyectos inmobiliarios. Ambas corrientes, pertenecientes a las décadas de 1920 y 1930, fungieron como la avanzada en la creación de un patrimonio arquitectónico clave en la cimentación de la Ciudad de México en tanto monumento urbano levantado a punta de acumulación de barrios cual si de clusters económicos se tratase. Los trabajos que con categorizados bajo sus dogmas son muy apreciados por los investigadores contemporáneos debido a los conceptos expresados en sus edificios, algunos como los siguientes: dinamismo de sus superficies, marquesinas adornadas con medallones o grecas prefabricadas, impecables fachadas, diversidad de texturas, motivos en cada uno de sus acabados, y el respeto por las cuestiones de ritmo y geométrica.

La gestión de más de una década por parte del taller de arquitectura de Javier Sánchez logró la realización de un proyecto integrador que procura el enaltecimiento del patrimonio artístico y ambiental –en una sincronía intrínseca– de la Colonia Condesa.

Las fases

El diseño estético de las viviendas en venta promueve la conexión de sus dos fases –en un adecuado modelo de calidad, accesibilidad, y estética– con sus inquilinos. Ubicado a un lado de lo que era la entrada del antiguo Hipódromo Condesa de la Ciudad de México, el complejo de JSa está rodeado por algunos de los principales pulmones naturales de la capital del país. Las torres del proyecto se concentran en la parte posterior del predio con el objetivo central del respeto por las bellas arboledas, las dos casas catalogadas como patrimonio, y el paisaje característico de la colonia. Se trabajó en esa parte del terreno entendiendo que en años anteriores existían jardínes alrededor de los hogares. Una segunda prioridad es la mantención de los árboles, los cuales generaron una serie de toma de decisiones en un sano balance. Se ganaron y conservaron 2,109 m2 –que representa un 52% de la extensión total de la primera fase del proyecto– de jardines y arboledas. El Conjunto Juan de la Barrera se convirtió en la expresión simultánea de un concepto centralizado y la solución de los sótanos a través de sus áreas verdes y estacionamientos permeabilizados.

El Conjunto Juan de la Barrera se compone de dos diferentes fases: a) con cinco edificios y dos casas catalogadas, la primera fase destaca por sus alternancias entre la naturaleza y el material de calidad empleado en los cimientos de la estructura, es uno de los conjuntos residenciales contemporáneos más especializados en la conservación de las áreas verdes en la Ciudad de México, y destaca la generación de 59 viviendas en su organización; b) la segunda fase de este desarrollo de JSa contempla una edificación de 34 departamentos, desde 121 m2 hasta 256 m2 de extensión, en un edificio de seis niveles sobre un predio de 1,571 m2. La gestión de más de una década por parte del taller de arquitectura de Javier Sánchez logró la realización de un proyecto integrador que procura el enaltecimiento del patrimonio artístico y ambiental –en una sincronía intrínseca– de la Colonia Condesa. Fue necesaria la demolición del predio en Cuernavaca 14, que no tenía un valor patrimonial, y se preservaron las fachadas características de Cuernavaca 10. Al optar por la mantención de las casonas catalogadas como patrimonio, se logró un frente de ciudad que se intensifica su uso al estar en el corazón de la manzana.

En la actualidad, la Colonia Condesa vive un periodo de renovación necesario y oportuno. La significación de desarrollos como el Edificio Condesa (Avenida Mazatlán) o el Edificio Tehuacán (Avenida México) ha ocasionado un énfasis en el alcance de construcción que se debe de estructurar en la colonia, un objetivo conquistado por los esfuerzos del taller de arquitectura de Javier Sánchez y su preferencia por la edificación en los barrios más icónicos de la Ciudad de México. Hoy en día, en el mercado inmobiliario existe una infinidad de proyectos densos en los corredores urbanos, propios de la Colonia Condesa, que reflejan un impacto negativo en el ámbito natural del barrio. La pauta que identifica a los proyectos de JSa promete una edificación que permita apreciar los valores naturales –en cuanto al respeto por las arboledas y los espacios verdes– y los sociales –haciendo referencia a la comunicación visual y su labor con los ciudadanos– de la región.

A pesar de que Conjunto Juan de la Barrera ha sido uno de los proyectos de JSa más intensos y atendido por los vecinos del complejo –entre los que se cuentan por colindar directamente los inquilinos del icónico Conjunto Veracruz (1996-2000), obra iniciática de Javier Sánchez–, este desarrollo está conformado con las amenidades inmediatas que permiten las comodidades más eficaces para sus residentes. El impacto que tiene un proyecto como éste, en donde se construyen más de 80 viviendas en 4,000 m2, es un proyecto que no amenaza. En opinión de Javier Sánchez, este proyecto equivale a 20 edificios pequeños de tres viviendas por terreno que existen en las calles colindantes. Los proyectos sumados son una gran oportunidad para la construcción de una ciudad.

Es el ejemplo del proceso de aprendizaje del taller de arquitectura de JSa, que 20 años después, sigue cuestionando fuertemente lo que se está haciendo dentro de los barrios añejos en Ciudad de México.

En el desarrollo inmobiliario se permite el entendimiento de dos aspectos: el primero, como un posibilitador de oportunidades para el enriquecimiento –social, cultural, artístico– de una metrópoli; y segundo, el peyorativo que busca restarle valor a las grandes urbes por la falta de complementos que toquen las fibras sociales. En el Conjunto Juan de la Barrera se ven factores arquitectónicos que hacen referencia a la movilidad y a la trascendencia social. Es el ejemplo del proceso de aprendizaje del taller de arquitectura de JSa, que 20 años después, sigue cuestionando fuertemente lo que se está haciendo dentro de los barrios añejos en Ciudad de México. Se sigue creyendo en los orígenes de la verdadera construcción de una ciudad.

Se respiran cafeterías y pláticas amenas, el aroma fresco del rocío de la mañana y las pinceladas de las obras más representativas de la nación. Se camina por las calles en donde personajes como “Cantinflas” y Dolores del Río solían habitar, cuando no figuraban en lo mejor del Cine de Oro. Se vive en el pasado, en el presente y en el futuro de un país solidario. Se siente la fuerza que nos unió como mexicanos. Se culmina con el éxtasis de un proyecto administrado hasta el más íntimo detalle arquitectónico: una propuesta que relaciona al transporte accesible, con las comodidades del disfrute por el patrimonio artístico.

E
Ramón Alcázar 20
por Gastón Porte

En la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, la Colonia Tabacalera figura como la frontera occidental del Centro Histórico de la metrópoli. En este barrio originado en el siglo XIX junto con otras colonias como la San Rafael y Santa María la Ribera, se integra el proyecto de Ramón Alcázar 20, uno de los espacios más simbólicos en la obra residencial del taller de arquitectura de Javier Sánchez. Este desarrollo se focaliza en el mercado de venta de casas más importante en las sociedades culturales de la capital del país. Con materiales de calidad, y con acceso a algunas de las vías públicas más importantes de la urbe –entre ellas la circulación De la República, la calle Tomás Alva Edison, y Paseo de la Reforma–, este proyecto inmobiliario de JSa figura como una revolución en las teorías del diseño relacionado con la iluminación natural y la búsqueda arquitectónica de propuestas de estética. Y, sobre todo, con la búsqueda de estudios compactos cuya amplitud depende puntualmente de la buena distribución del diseño.

La Colonia Tabacalera es una mezcla de mansiones y edificios de departamentos con algunas de las mayores construcciones, algunas como el Monumento a la Revolución –que inicialmente estaba planeado para ser el Palacio Legislativo Federal–, el Museo Nacional de San Carlos, el rascacielos El Moro y el icónico Frontón México –que es uno de los exponentes del movimiento art decò– construido en 1929. Los protagonistas de este barrio de la Ciudad de México representan la realidad artística, las complicaciones filosóficas de aquellos años, y los orígenes de una nación con simbólicos eventos que la construyeron. A pesar del paso tiempo, que siempre procura llevarse consigo a las víctimas estructurales más inocentes, el área que rodea a Ramón Alcázar 20 mantiene una viva selección de contrastes relacionados con el movimiento de los negocios y de los transeúntes rutinarios.

En los periodos Coloniales, dentro de la historia de la capital del país, el barrio de la Colonia Tabacalera estaba adoquinado con haciendas y granjas cerca del antiguo Lago de Texcoco. Tras unos años, la región pasó a ser parte de los Condes de Buenavista –cuya casa de campo todavía existe en la calle Puente de Alvarado como el Museo de San Carlos– quienes lograron un desarrollo de casonas y mansiones a lo largo de las arterias que conforman a este barrio.

Lleno de grandes historias, este espacio icónico de la Ciudad de México cuenta en sus memorias con algunos de los eventos más mencionados en los periódicos del siglo pasado. Entre ellos, se hace una evocación al famoso “Baile de los 41”, una redada policial que ocurrió en 1901 durante la presidencia de Porfirio Díaz en donde fueron arrestados 41 hombres, 19 de ellos vestidos de mujeres –la batida incluye a Ignacio de la Torre y Mier “El Yerno de su Suegro”, sobrino del entonces presidente–, los cuales se convirtieron en el inicio de la significación de la colonia como una zona revolucionaria y bohemia con énfasis en la contracultura, en este caso representada por la diversidad sexual.

Escritores y artistas como Juan Rulfo, Ricardo Bell, Nellie Campobello y Pablo Neruda, vivían en los alrededores de la zona y llenaban con su presencia cultural las más icónicas cantinas de la Ciudad de México. La Colonia Tabacalera también se convirtió en hogar de exiliados cubanos como Julio Antonio Mella y Fidel Castro, y de personajes clave en las respectivas historias de sus naciones como el revolucionario Ernesto “Che” Guevara, quien dejó onda huella en toda la cultura latinoamericana.

Este proyecto de JSa consta de 8 niveles y 20 departamentos, de 57 m2 a 65 m2, tiene como principales vértebras sus patios y escaleras. Con diversos procesos técnicos de construcción, se crea un solo espacio cercano a la creatividad, haciendo homenaje al porfiriano Ramón Alcázar –quien figuró como uno de los mayores empresarios del México del Porfiriato, un coleccionista de arte que ha logrado llenar salas enteras en el Museo Nacional de Arqueología y en el Castillo de Chapultepec–, uno de los mayores recopiladores y críticos de arte plástico de su época. Para honrar el trabajo de Alcázar en los campos de economía, política y maquinaria, este proyecto creado por el taller de arquitectos de Javier Sánchez engloba algunas de las cualidades más importantes del magnate: a) la encarnación del hombre influyente reflejada en los cimientos de las escaleras que entretejen al complejo; b) la afición por el arte prevista en la detección de los materiales más pertinentes para la construcción; y c) el reflejo de una colección sin precedentes de edificios emblemáticos de la Colonia Tabacalera, en donde Ramón Alcázar 20 se integra a este grupo de proyectos culturales del barrio.

Entre las ventajas de este desarrollo de JSa se encuentran las oportunidades de vivencia más relevantes respecto a los barrios históricos que emergen, hoy en día, como algunas de las potencias más dirigidas hacia la contemporaneidad. En las 28 cuadras y 19 calles de la Colonia Tabacalera, se sienten los aspectos más importantes de las ideologías de revolución, de creatividad y de vida bohemia. Aquí se respiran platillos típicos y las tradiciones de las cantinas más emblemáticas de la capital. Se camina por las calles que inspiraron los ideales de la nueva política democrática, por los espacios que motivaron a grandes artistas y por un proyecto único de 8 niveles. Se vive bajo el nombre del porfiriano Alcázar, un coleccionista de arte  de su época; se siente el pasado marcado por las luchas de los héroes de la Revolución, se conoce el significado de lo bohemio y de lo técnico.

U
La Esmeralda 6
por Gastón Porte

Ubicado a sólo unos pasos de algunos de los centros de entretenimiento más populares de la colonia Hipódromo Condesa, e incluso aledaño a la colección de comercios de la avenida Insurgentes Sur, el inmueble La Esmeralda es un vivo ejemplo, inamovible –en un sentido, incluso, antisísmico de la palabra– de la intervención arquitectónica con los recuerdos de sus primeros cimientos.

El proyecto de La Esmeralda es un ejemplo único de intervención sobre un edificio con un alto grado de valor histórico. La operación inicial data de un proyecto realizado en 1953 por parte del arquitecto José Creixell del Moral, un célebre colaborador en proyectos con importantes arquitectos como Luis Barragán y Enrique del Moral, además de ser un representante del estilo art déco y del funcionalismo de las décadas de 1940 y 1950 en la Ciudad de México.

La Esmeralda es un conjunto de tres edificios de seis niveles de altura. Estos sobresalen en una de las avenidas más populares de la capital de México. La expectativa del complejo es enfatizar la elegancia y la resonancia de los movimientos artísticos del pasado en consonancia con los esfuerzos de los ingenieros que encumbraron los logros más caros en edificaciones dentro de la Ciudad de México. Conectados entre sí gracias a una serie de corredores tradicionales por niveles, el inmueble además se compone de basamentos de altura y media con una recepción iluminada por refinadas luces, y ornamentada con acabados diseñados especialmente para destacar los valores de la composición arquitectónica en la década de 1950 que recorren todas las arterias internas del proyecto, con un piso verde esmeralda planeado como fabricación in situ con una composición única dentro de los desarrollos de Javier Sánchez.

La intervención no buscaba la alteración de la imagen original del edificio a nivel composición estructural, aunque finalmente le proveyó de una nueva complexión vía el cambio de los acabados y aquellos detalles de la estructura metálica con la que se redistribuyó el peso. Su objetivo era aligerar al edificio y reforzar al esqueleto que sostenía al edificio, además de una sustitución de acabados interiores y exteriores para edificar con una sintonía industrial, aunque con acabados de lujo, y resaltar los valores inherentes a la plástica de interiores amplios en las urbes clásicas a nivel internacional. Recupera, de algún modo, cierto temperamento neoyorkino o londinense con un diseño deudor de las restauraciones de espacios que se popularizaron en la década de 1990 en corrientes minimalistas que compaginan perfectamente con la visión funcionalista de JSa. Con una serie de marcos metálicos, el proyecto no sólo cumplió su principal objetivo, sino que le brindaron un toque original que adorna a los departamentos. Se demolieron algunos muros interiores, y los espacios internos se expandieron a la perspectiva de los huéspedes. Las fachadas exteriores fueron restauradas en su totalidad. Además, se aprovecharon los espacios entre torres para la generación de amplios espacios, patios y terrazas.

Los departamentos son amplios y juegan con las estructuras metálicas que soportan al nuevo edificio como parte de sus virtudes de diseño interior. Los acabados de madera que recorren los suelos de las habitaciones trazan de lado a lado los departamentos, demarcando la profundidad que le aporta, brindándole un aire refinado y, debido a la claridad de la madera, que se ve circundada por vetas naturales, aporta a la expansión óptica del espacio, lo que brinda una sensación hogareña en los edificios. Las ventanas recorren la totalidad del departamento e iluminan en espacios clave para el correcto juego de luces. Las comodidades, la cocina, los sanitarios y los cuartos son uno mismo; son espacios singulares que funcionan como un solo organismo.

El reto de este desarrollo consistió en dotar a los departamentos de espacios abiertos y luz natural generosa al redistribuir la composición de las estancias. El proyecto original, al cual JSa reinterpretó, fue diseñado en 1953 por el arquitecto José Creixell, uno de los máximos exponentes del funcionalismo en México. Creixell realizó aportaciones trascendentales a la técnica constructiva en sus investigaciones Estabilidad de las construcciones y Construcciones antisísmicas, que lo convirtieron en uno de los más respetados expertos en el comportamiento sísmico de las edificaciones. El diálogo de los refuerzos estructurales de la intervención de JSa, con los motivos de metal y madera en el diseño interior, que goza de terrazas amplias, se integran a la composición de Creixell.

El trabajo en los detalles del reforzamiento de la estructura y la elegancia de los pasillos, recuerdan a una época en México donde la gloria de la cultura se enfrentaba a cambios tremendos en la economía y la política. El proceso de construcción, la transmisión de seguridad gracias a los marcos metálicos que recorren cada una de las viviendas y que viven con el exterior forman parte del sesgo íntimo que Javier Sánchez, junto con su equipo, imprimieron en este proyecto, cuya mayor dicha fue probar que se podía componer, también, a punta de demolición sin perder respeto por la tradición. Las nuevas fachadas adornan mientras los transeúntes sienten la dicha del inmueble. Ya recorrer el mezzanine y visualiza la incandescencia del techo, aquel que identifica el característico color que brinda el nombre al inmueble, y aquél que disfruta del placer visual por el proyecto que ornamenta a la colonia.

U
Aldaba
por Luis Guerra

Ubicado en el centro de San Miguel de Allende, justo en el corazón de la arquitectura, la cultura, y el arte del hoy próspero estado de Guanajuato, el complejo de JSa Promotora está en una provocadora región que ha inspirado a miles de profesionales en la construcción de un mercado para casas en venta, y una parte importante de la rama inmobiliaria referente al valor y diseño estético. Hoy por hoy, la ciudad se ha consolidado como sede principal de uno de los festivales de cine más importantes en Latinoamérica: el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, donde luminarias, creadores, actores, productores y múltiples agentes de la escena fílmica se reúnen cada año.

A 274 kilómetros de la Ciudad de México, a una altitud de 1,910 metros, y a diez minutos del centro histórico, se enmarcan los límites del complejo residencial en San Miguel de Allende –gracias a tres vías de circulación y acceso con la capital del país– que hoy representa una de las aventuras arquitectónicas y urbanas más imponentes en el taller de arquitectura de Javier Sánchez, cuyo lugar favorito para ejecutar desarrollos arquitectónicos de vivienda, eran los barrios icónicos de la Ciudad de México. Este es su primer proyecto a esta escala fuera de la capital del país. Este programa de trabajo, cuya intención se enfoca en acopiar tradición –que da identidad al municipio– y estilo en diseño –la pauta autoral que identifica a JSa–, contiene tres áreas de donación, entre las cuales se puede apreciar un parque recién construido y que marca el inicio de la huella de JSa en San Miguel de Allende.

Tras la conquista de la megalópolis más temeraria de Latinoamérica, JSa desarrolla un proyecto residencial en una de las ciudades más seguras y con mayores oportunidades de inversión en México. Se divide en tres fases: a) urbanización e infraestructura (se trata de un espacio planeado como si fuese un pequeño pueblito dentro de San Miguel de Allende), la construcción de la casa club y la construcción de un parque infantil (esto último ya concluido); b) edificación de 60 viviendas; y c) edificación de 33 viviendas más un área destinada a servicios de hotelería con beneficios para los habitantes del complejo residencial. Cuenta con nueve tipologías –modelos de vivienda, que abarcan desde los 115.81 m2 hasta los 374.37 m2 interiores; y desde los 21.67 m2 hasta los 137.56 m2 exteriores. Las áreas de donación, además, se consolidan como parte de la filosofía inherente a JSa: la convivencia con el barrio en el que se inserta, no para aislar, sino para integrar, al propietario de las residencias.

San Miguel de Allende es la principal ciudad del estado de Guanajuato. Su nombre deriva de dos personajes emblemáticos en la historia de México: el fray Juan de San Miguel y el mártir de la Independencia de México, Ignacio Allende. La ciudad es reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad gracias al centro histórico y al Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco; debido a su importancia cultural, histórica y artística. El sitio es protegido y juzgado por los intereses colectivos de la humanidad.

La ciudad vivió una renovación a principios del siglo pasado. Gracias a los artistas foráneos que descubrieron las maravillas arquitectónicas del Neoclásico y del Barroco, se originaron instituciones como el Instituto Allende y la Escuela de Bellas Artes, las cuales buscan en la actualidad la admiración y estudio especializado del arte y de la cultura. Debido al atractivo artístico que la ciudad impera, algunos artistas famosos como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros fueron a San Miguel de Allende para generar más proyectos de calidad estética, y para brindar clases y talleres en los alrededores.

Aldaba es un laberinto en el que cualquier observador del arte quisiera perderse, trazado como herida fértil por una cañada con trazo de roca en el diseño del equipo de Javier Sánchez. Sus materiales, sus muros, sus pasillos, sus amplios ventanales, sus jardines; son elementos que conforman las experiencias dignas y seguras de un desarrollo de JSa. Con un correcto manejo de la iluminación, tanto natural como artificial, el complejo busca hacer un homenaje a la “Ciudad de las Fiestas”, pero legando un espacio de solaz y silencio que rinde tributo, de un modo personal, a cierta herencia de Luis Barragán pasado por el estilo de los diseñadores involucrados.

El proyecto arquitectónico está conformado para asegurar la satisfacción de todas las necesidades de sus residentes. Desde comodidades con las amenidades inmediatas, hasta la cercanía con la naturaleza y el arte característico de San Miguel de Allende. En un concepto de 93 unidades, se estructura un ambiente de convivencia entre los inquilinos, los cuales pueden hacer recorridos por las plazas, puentes y los pasillos que funcionan como arterias de este microcosmos, enclavado en medio de un corazón palpitante de tradición. La Madre Tierra es protagonista de la obra arquitectónica clave en Aldaba: su papel permite la proliferación de espacios públicos, semipúblicos, parques llenos de vegetación, áreas privadas y entornos que fomentan la interacción dentro de una sociedad de información. 

Se respiran los adoquines y los materiales de antaño que adornan las calles de San Miguel de Allende; se reconocen las muestras arquitectónicas y coloniales de México, el arte, el satisfactorio aroma de artesanías imperdibles en el tiempo. Se camina por un proyecto dividido en dos fases, en las cuales, la naturaleza y la sofisticación son conjugadas en un mismo ambiente arquitectónico.

Se viven los espacios abiertos y la experiencia de protagonizar el concepto de ciudad interna y la interculturalidad contemporánea.

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Ámsterdam 68
por Gastón Porte

Ubicado en un circuito automovilístico lleno de cultura que rodea a uno de los parques más conocidos de la colonia Condesa, este desarrollo luce unos balcones envidiables que fungen como el culmen del diseño de departamentos amplios donde la profundidad es esencial. Cercano a una serie de arboledas y espacios verdes que permiten la conexión más intrínseca que un inmueble pueda tener con la naturaleza, sobre todo por los arbotantes de helechos que lucen como vindicación de abundancia botánica en una mole de concreto. En un rincón de la Ciudad de México y en un espacio lleno de propiedades en venta, un proyecto adicional al catálogo de JSa Promotora florece en conjunto con su vida de barrio: Ámsterdam 68. Rodeado de reconocidos restaurantes de la CDMX y algunos de los centros culturales más prolíferos en los últimos años, este inmueble representa, con su diseño arquitectónico, la calidad y la precisión del terreno que ocupa en la capital de México.

El Plaza Condesa, el Monumento a Albert Einstein, la Galería de Arte House of Gaga, el Auditorio BlackBerry, el Centro Cultural El Foco, Plaza Insurgentes, Plaza Popocatépetl y Parque España, son algunos de los vecinos más populares que rodean al inmueble de la colonia Condesa de JSa. Miles de cafeterías cercanas se ofrecen a los inquilinos, una gran cantidad de espacios públicos culturales están al alcance de sus ocupantes, y un alto número

Ámsterdam 68 es un proyecto que permite al ambiente natural de la colonia un escape hacia el interior del edificio. Crea una conversación natural entre la Madre Tierra con sus huéspedes en un interesante contexto construido por la edificación. Las ramificaciones y las extensiones de concreto se fusionan, se mezclan, se transforman en algo nuevo, en un edificio que enfrenta a la rutina; es un inmueble de la colonia Condesa que prefiere ser libre –en una compleja urbe– y elegante para incorporarse con sus edificios aledaños.

Debido a las elementales limitaciones –respecto a la altura máxima en construcción– que existen en los reglamentos de cimentación en el suelo de la Condesa, el diseño del inmueble fue un importante desafío para el equipo de arquitectos de JSa, comandados por Javier Sánchez y Benedikt Fahlbusch. Se siguieron las normas y las ideas clave siguieron el objetivo: optimizar los espacios para maximizar el potencial de los departamentos.

El proyecto recibe a sus invitados con un refinado lobby lleno de especies endémicas de flora y texturas de concreto en sus muros. Con un interesante camino de escalinata, los residentes pueden acceder a los departamentos de ensueño. Son proyectos que muestran el distintivo particular del edificio: amplias terrazas que permiten una perspectiva amplificada del tamaño de la habitación. Además, los alargados ventanales permiten una visión más amena de los imponentes árboles colindantes del edificio.

El complejo hecho de concreto y materiales de calidad arquitectónica, es un proyecto más de JSa que permite una serie de experiencias únicas en el campo de la cultura y el arte. Su simetría refleja la dedicación empleada en los bocetos iniciales, en los diseños primigenios de sus arquitectos. Se admiran los espacios verdes que rodean al residente, aquellos que despiertan la sensación de estar en un lugar nuevo, un espacio único y natural. Se entienden los amplios ventanales, aquellos que permiten la entrada de luces y juegos de iluminación en un éxtasis que conmociona al entrenado observador.

Las figuras que forman al inmueble y cómo éstas consiguen el correcto aprovechamiento de los espacios, en el acomodamiento singular que sólo un proyecto autoría de Sánchez-Fahlbusch suele presentar como argumento. El proyecto conecta a la naturaleza con lo urbano, un verdadero ejemplo del objetivo primordial: construir una ciudad.